miércoles, 13 de septiembre de 2017

El poder mediático (El Ciudadano Kane)



Esta película ejemplifica los alcances del poder mediático en la figura del magnate de los medios de comunicación, Charles Foster Kane, quien acostumbrado a imponer su verdad sobre la sociedad desea consagrar a su mujer como una gran cantante de opera a pesar de sus escasas cualidades como artista. Kane busca el ejercicio y el triunfo de su voluntad, él se juega en esta aventura nada menos que la imagen que se ha forjado de si mismo: la del hombre que todo lo puede.
Analizar esta película nos permite examinar el intento de manipular a la sociedad y el debate moral que se presenta cuando Kane se encuentra con la respuesta del público y ante la ética profesional de un periodista, gran amigo suyo y co-fundador del diario, que se niega a ser el portavoz de los intereses de las corporaciones mediáticas.
En esta escena Susan Alexander, la esposa de Kane, se da cuenta que es un objeto en manos de la ambición de su esposo, a quien le importa poco lo que ella quiera ser, sino que quiere utilizarla para imponer su voluntad de poder, sus deseos, su ambición y así es como ella se siente parte de esas ambiciones, pero no es que ella se sienta querida por él, sino que no es mas que un instrumento dentro de sus sueños de poder. Esta lectura también puede analizarse desde el punto de vista de la violencia de género en cuanto a la cosificación ejercida sobre la mujer, a quien se le niega su subjetividad para estar en servicio de la figura del hombre, en este caso como un instrumento para alcanzar su ambición.


domingo, 10 de septiembre de 2017

Lo politico y los medios

Tengo vagos recuerdo sobres mis primeros acercamientos a la política. Siento que siempre conocí esa palabra, sin embargo en mi infancia no le adjudiqué algún sentido mas allá de la franja presidencial que resultaba tan entretenida para mi por las pegajosas canciones de las propagandas o alguna que otra mención en las noticias de la tarde. Mas allá de eso mi familia no hablaba de política, no se discutía al respecto, pero a pesar de eso, tenía vagas nociones sobre lo que era la izquierda, la derecha, la dictadura, Allende y Pinochet. La televisión tuvo gran incidencia en esas nociones y creo que fue el principal medio de socialización a lo político en mi infancia y adolescencia. 

El 2006 fue un año importante. Ese año asumía por primera en Chile une presidenta mujer, Michelle Bachelet, situación que obviamente causó revuelo en los medios de comunicación. En ese año yo cursaba primero medio de un colegio de monjas, el cual era muy poco politizado pero que aún así  se unió a los movimiento estudiantiles en la llamada "Revolución pingüina". Ese fue mi primer acercamiento a lo político o a la politización, donde se estaba dando una disputa política con respecto a algo que antes no tenía ese carácter, como lo fue el tema del pasaje escolar, el lucro y otros temas que salieron a la luz en esos años. Antes de eso tampoco conocía muy bien cual era la postura de mis padres con respecto a estos temas. La mediatización del movimiento dio mucho de qué hablar y salieron a la luz los posicionamientos de mucha gente, ahí me di cuenta que mis padres siempre habían sido mas cercanos a la izquierda. En Diciembre de ese mismo año fue la muerte de Pinochet. Recuerdo estar en la casa de mi abuela y que todo el mundo celebraba, la euforia de la gente en las calles era como si se hubiera ganado un partido de fútbol, creo que solo en ese momento pude entender lo que realmente significaba su figura y la dictadura. 
Creo que los medios de comunicación son un elemento importante al momento de aprender sobre la política y lo político. Lo que en mis tiempos hacía la televisión, hoy lo hace el internet y las redes sociales solo que a mayor escala y con multiplicidad de discursos, que son discursos cargados de ideología y  que tienen mucha incidencia sobre todo en los jóvenes en aquellas etapas donde buscan identificarse y definirse con su entorno. Es un arma de doble filo, los discursos revolucionarios son apropiados por el capitalismo, que todo lo hace vendible, todo se transforma en propaganda de retail, y así vemos ropa de ultima moda con slogans feministas y bolsos con el rostro de Frida Khalo y Che Guevara. Por eso, desde mi perspectiva, lo politico mas que discursos y frases hechas, debe definirse primeramente por las acciones, tanto individuales como colectivas, ya que son esas las que logran posicionarnos verdaderamente. Para mi lo político está en todas partes y se define tanto por lo que se hace como por lo que no se hace.


jueves, 7 de septiembre de 2017

La importancia de la Politización.

Cuando niña nunca me sentí a gusto con vestido ni jugando a las muñecas, de adolescente nunca me sentí parte del coqueteo y el interés por los niños como algo amoroso (aunque debo decir que sí lo intenté) y ahora de grande aún me siento pasada a llevar -por no decir violentada- con lo que la sociedad espera del hecho de que yo sea (y seamos) biomujer y cómo se me (nos) trata por aquello.

De ahí que nace mi preocupación por el que toda acción, palabra y decisión que tomemos o no tomemos sea consciente de lo que significa y el posicionamiento político que trae consigo. Creer que la vida es neutral no es opción, no es real. Nuestro vivir con otres implica indiscutiblemente tener un efecto, cualquiera sea la magnitud de este, en la vida del otre. Sobre todo al entender que la sociedad en la que vivimos se rige bajo una hegemonía ideológica que muches no se cuestionan y reproducen como si ésta fuese la "normalidad", que por cierto fue una "normalidad" impuesta por una mayoría masculina.

La política no se puede quedar en las grandes instituciones, no se puede quedar en un voto ni en un expresar la opinión por medio de una marcha. Debemos expandir la noción de política, y politizar cada espacio en el que nos desenvolvemos (aunque esto ya está siendo pero de manera inconsciente), debemos volver consciente este acto de politización con el fin de construir un nueva forma de relacionarse, de vivir una nueva sociedad. Un mundo donde las mujeres plasmemos nuestras ideas y formas de sentir para no dejarse avasallar, donde impregnemos de nosotras cada acto de nuestro sentir y pensar para abrir camino desde la acción a la teoría y pasemos de lo político a la política, no solo en forma de discusión sino en forma de ser y hacer.

Es menester que como mujeres nos adjudiquemos el deber y el derecho de ser escuchadas. De transformar la cotidianidad en la que nos vemos envueltes de una forma distinta a la disputa de poderes tradicionales y que juntes (en nuestra diversidad) aportemos tangiblemente por un cambio en el que no solo biomujeres nos veremos beneficiades sino la sociedad (ojalá proximamente comunidad) del presente y del futuro.

https://www.youtube.com/watch?v=4HbsZhzRBfg





viernes, 25 de agosto de 2017

Enrevesamiento memorístico de alta abstracción

Es complejo situar el encuentro con lo político cuando nos vemos desde el mismísimo nacimiento involucradxs en un ordenamiento social que determina la normalidad, en una política de lo político de nuestros cuerpos arbitrariamente diferenciados en un binomio artificial amparado por la biomedicina y la legalidad del sexo femenino, por ejemplo. En este sentido, la tarea de situar biográficamente el encuentro con esa “deliberación social” que nos trasciende, requiere de un enrevesamiento memorístico de alta abstracción.

Destrabando este lenguajear y dudando de las fronteras conceptuales entre la política, lo político y la politización –y de las posibilidades de deliberación- en el ejercicio de poder situar una experiencia biográfica de socialización política, me hace sentido sacar a colación a mi madre, profesora de historia; y a mi padre, militar mecánico. Ambxs nacidxs pobres y crecidxs pobres, corriendo por los caminos de piedra de un sur no tan sur, cerca de San Carlos. Vuelvo mi memoria hacia ella, una sindicalista aguerrida, a sus tardes de viernes en mi casa, reunida con sus colegas juntando las chauchas pa´armar no sé qué cosa, peleándole con uña y dientes mejoras laborales a la directora del colegio subvencionado, la señora Margarita. Recuerdo también a mi viejo con su overol operando tanques, corriendo con mi hermano por el Batallón Limache, subiéndonos en cuanta máquina encontrábamos, perdiéndonos en galpones gigantes con olor a aceite y comiendo en el “rancho” (casino).

Poco y nada se metía mi viejo en política, era de derecha por convencimiento institucional, le gustaba ser milico tanto como arreglar el auto. Mi mamá hablaba a destajo, tenía a flor de labios un sospechoso discurso “rojo maraco intenso” (como el color del vestido que le gustaba). Creo que mi formación se retrata en las canciones que escuchábamos cuando viajábamos al sur a ver a lxs abuelxs, coreando firme y fuerte “Adiós al Séptimo de línea”  y “Vuelvo para vivir” -amarillismo puro- pensé cuando leí a Gabriel Salazar en el curso “Historia Social de Chile”, y ambxs me dieron rabia. Por una cosa de imaginario colectivo, un poquitín de historia y unos cuantos testimonios de lo que había pasado en dictadura, un viejo milico no era como pa´ sentir orgullo, pero no había rechazo en mi corazón, menos después de toda una infancia celebrando “La pascua del soldado” con dulces, juegos, piscina y el famoso trencito que nos paseaba. Lo que no entendí nunca, es cómo mi vieja se casó con él. A medida que avanzaba ese curso el milico se fue satanizando hasta hacerse despreciable, y la profe de historia una ironía insoportable. No sé si es rabia la palabra, era frustración, decepción profunda, y mucho dolor existencial ante la mierda humana.


Esos colores inasibles, se fueron poco a poco condensando en mi mente en cuestiones mucho más claras, como el recuerdo de las/os estudiantes de mi mamá almorzando en la casa, o el viejo preocupado por lxs vecinxs y reparando cuanta cosa llegara a sus manos. Fui poco a poco más consciente de esa pobreza desgarradora que se perpetuó en una serie de violencias, logrando situar los gritos, la imagen de los correazos junto a mi hermano y el ¡deja de llorar! Mientras me lavaba la cara con cachetazos de agua. Esa mujer endeudada que abría mi chanchito para comprar el pan, llena de promesas incumplibles de viajes en avión a no sé qué parte del mundo. Agudizar la mirada y situar esas vidas dedicadas a tener una “casa bonita” y a educar hijxs “para que no fueran como uno - para que no sufrieran como uno”, me permitió complejizar mis sentires. Esa pobreza la llevo puesta, entendiendo que fueron y han sido siempre, la mejor –y única- versión de sí mismos. Así, situadxs en la historia, en mi propia biografía, mi encuentro primigenio con “lo político” es mi encuentro con esas dos personas que han sido madre y padre para mí, a quienes abrazo con inmenso cariño. 

R. Rodríguez Merino